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	<title>Juan Haro Rodríguez &#187; memories</title>
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	<description>experimental processed guitar tracks, ambiental songs, short stories, photography, relatos cortos, fotografía</description>
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		<title>El perro del castrati</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2009 21:59:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Cómo sobrevivir a ésto sin volverme jodidamente loco?
Observo la masa. Y cuanto más la miro, más la temo. Es curioso. No puedo deshacerme de ello.
La simpatía y el halago fácil cae al suelo estéril e intenta inútilmente brotar forzando alguna absurda pose.
El dedo acusador se alarga trazando Caras Bonitas y Agradables en el tiempo, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;">¿Cómo sobrevivir a ésto sin volverme jodidamente loco?</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;">Observo la masa. Y cuanto más la miro, más la temo. Es curioso. No puedo deshacerme de ello.<br />
La simpatía y el halago fácil cae al suelo estéril e intenta inútilmente brotar forzando alguna absurda pose.<br />
El dedo acusador se alarga trazando Caras Bonitas y Agradables en el tiempo, que supuran amor y perfume de vainilla por sus poros. Mi sangre hierve y se corta.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;">Siento el aislamiento de un <em>castrati.</em><span style="font-style: normal;"> Grandes amantes lanzando miradas débiles y perecederas que en su último pestañeo resurgen y se vuelven contra mi para agarrarme por el cuello.<br />
Perdido, solo y asustado. Humor ácido, agudo es el eco de nuestros minutos de Gloria.</span></p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; line-height: 200%;">Soy presa del terror. Puedo sucumbir a su dulce poesía acaramelada; a veces triste y pesimista. Mierda en tacita reluciente de porcelana. Tan frágil como repugnante.<br />
Sería tan sencillo perder el tiempo sentado, gorroneando tiempo a diminutos genios y tocando las pelotas; seguro que sí.<br />
Ahora huele a azufre, alcantarilla y perro mojado. Cerbero muerde conferencias desde las puertas del reino infernal.<br />
La tormenta. En plena noche y enfocado por cientos de linternas a baja potencia. Y tan lejos están. Mercurio. Ion.<br />
Soy testigo casual de conversaciones absurdas e interminables. Carpetas pegadas a sus pechos, como un famélico niño al que amamantar de forma desesperada y urgente. El llanto de uno de ellos puede colapsar un corazón sano e inmaculado.
</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; line-height: 200%;">Falta de atención. Y llora; húmedo y frío; desnudo y vil.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;"><span style="font-style: normal;">Esa ridícula terapia no ha servido para nada. Cuando desaparezca el emisor creo que me descompondré de nuevo.<br />
Busco la empatía, no entes de presión. Busco un enfermo similar. Y llorar acurrucados y amontonados en el suelo. Derretirme de placer, fluir hasta la masa y lubricar los túneles del infierno al que nos dirigimos.<br />
Oigo voces en el baño. Retrete.<br />
 </span></p>
<p style="padding-left: 30px;">- Oye, ¿Qué tal por ahí arriba?<br />
- Me cruzo con ellos, mis pies se cruzan, camino perdido y asustado. Y además el café es 	  una mierda.<br />
- Cerbero es un <em>Perro-Pulgas</em><span style="font-style: normal;"> mas.</span>
</p>
<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;">Estoy elucubrando como conseguirlo. Debería perder la incertidumbre que me mantiene a medio gas en la vida.</p>
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		<title>Christine 44</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 00:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esa noche cambio mi apellido y el acero roza la piel debajo de mi oreja. Y mi pelo es una sábana larga y negra azabache que cubre la boca y la censura como estrellas estampadas en pezones.
Esa noche salgo con ojos verdes botella vidriosos a escena.
El espectador pasivo delante de los ojos del espectador pasivo.
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Esa noche cambio mi apellido y el acero roza la piel debajo de mi oreja. Y mi pelo es una sábana larga y negra azabache que cubre la boca y la censura como estrellas estampadas en pezones.</p>
<p>Esa noche salgo con ojos verdes botella vidriosos a escena.<br />
El espectador pasivo delante de los ojos del espectador pasivo.<br />
El espectador activo titubeante que mira al falso espectador activo.<br />
Debajo del velo están los ojos de cristal y el bastón lanza golpes al aire intentando cortar el viento y hacer estallar en aplausos al público; el bastón ahora es el túnel del destino cargado que arde en mis manos. La llama de la rendición, segundos de humo y dulce cara de recién nacido dormido.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Enfrente: indignación y miedo. Sus piernas tiemblan mientras maldicen.<br />
A ambos lados: porno sin censura.<br />
Detrás: el Centro De Atención oculto y risueño entre mantas, entre sueños relajados.</p>
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		<title>Buzones: correspondencia y correspondido</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 02:11:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[memories]]></category>
		<category><![CDATA[deseo]]></category>
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		<description><![CDATA[Respirar hondo se había convertido en remedio; silencio en amenaza; amenaza en indiferencia.
Sentía temblar el labio superior y el párpado izquierdo. La presión en el pecho: patológica.
Bandejas de plástico con alimentos fríos. Frío, precongelado, olor artificial, sabor plastificado.
Las bandejas salían cada mañana de la cocina y eran repartidas por las habitaciones del hotel.
Esquivar el saludo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Respirar hondo se había convertido en remedio; silencio en amenaza; amenaza en indiferencia.</p>
<p>Sentía temblar el labio superior y el párpado izquierdo. La presión en el pecho: patológica.<br />
Bandejas de plástico con alimentos fríos. Frío, precongelado, olor artificial, sabor plastificado.<br />
Las bandejas salían cada mañana de la cocina y eran repartidas por las habitaciones del hotel.<br />
Esquivar el saludo y coger el desayuno. Repetir en voz baja: &#8216;la misma mierda de siempre&#8217; y después comértela derretida en leche.<br />
Me acercaba a la ventana y la décima planta gritaba ¡VÉRTIGO! Acercándome era absorbido: el ritmo de hormigas cavando túneles, arañas trepando bloques, moscas monitorizando el tráfico y grúas como directores con batuta.<br />
Observando, nada más.<br />
La alarma del reloj sonaba siempre a la misma hora y era Algo Más, mas ahora solo gira y suena; nada más.<br />
El teléfono también era Algo Más. Cuando esperaba que el cartero llamase a la puerta y me entregase alguna carta sin mi nombre escrito en una pequeña ventana de un fino plástico transparente. Ahora el cartero no llama y usa el buzón. En algún lugar debe estar ardiendo papel.<br />
El humo alertaría a cualquiera que pasase por allí cerca y entonces adivinarían los tres dígitos que ocultan miles de tormentos. Deseo.</p>
<p>Apartar la mirada se había convertido en remedio; inhibición en amenaza; amenaza en pena.</p>
<p>Por el pasillo se podían escuchar conversaciones a ritmo de pasos acelerados. Grabando. Lejos: susurros; se acercan: crescendo; pasan por delante: silencio; se alejan: silencio; más lejos: carcajadas.<br />
Ponía en marcha la grabadora y la cinta giraba.<br />
Me llevó bastantes días encontrar ese patrón y cuando lo descubrí, simplemente seguí grabando.<br />
Un día paré de grabar cuando me di cuenta que una de las cintas que aun no había usado, contenía una vieja grabación. Escuché la grabación varias veces mientras apuntaba todo aquello inteligible.<br />
Allí donde encontré mi nombre lo cambié por cualquier otro. Los imperativos pasaron a ser preguntas sin respuesta. Por último lo reescribí completamente, ignorando los minutos de patéticas despedidas.<br />
La mañana siguiente, el chico de la bandeja llegó borracho hasta mi puerta. Aproveché para comentarle que la comida era una mierda y que su cara me amargaba la mañana. Sonrió y marchó. Volvió al cabo de unos pocos minutos. Un golpe dirigido al estómago me espabiló después de lanzarme al suelo. Vomitó sobre mi. Al levantarme mi desayuno acabó desparramándose por el pasillo. Toda aquella masa pastosa y de olor agrío impregnaba nuestra ropa y la moqueta color burdeos.<br />
Le invité a pasar. Grabando. Habló hasta aburrirse y dormirse. Le eché. Comencé a escucharle en el momento que marchaba. Había grabado toda su conversación en aquella cinta ya usada. Reproduciendo. Hablaba sobre el bloque más alto que se veía desde mi ventana. Estuvo trabajando allí durante unas temporadas.<br />
Redacté todo aquello. Una vez redactado, lo reescribí mientras pensaba en la siguiente comida y en el vacío de estomago.</p>
<p>Sincerarse se había convertido en remedio. Sincerarse se había convertido en amenaza. Y la amenaza en ruido, polvo y vaho.</p>
<p>La bandeja volvía la mañana siguiente. Puntual. Hambriento. Intenté estrechar su mano. El brillo sudoroso en la palma de mi mano reflejaba mi rostro, el color liláceo de mis ojeras, el blanco pálido, el blanco gélido. Volví a encerrar la mano en el bolsillo. En ese momento recordé vívidamente: fotografías de carné con el rostro relajado y una sonrisa clavada. Ausentes. Seguramente yo ya debía estar entre ellas.<br />
La lluvia acompañó la llegada de la noche. Desperté y corrí a asomarme a la ventana. Con vaho y mi dedo índice tracé &#8216;jodeos&#8217; en el cristal. Llamé a recepción.<br />
Cuando el chico subió, le invité a pasar – la resaca- conmigo.<br />
&#8216;Hablame de nuevo sobre aquel edificio&#8217;. Grabando.<br />
Mientras hablaba pensaba en tipos realmente jodidos al descubrir que la pintura de su coche había sido rayada. Y perros colgados en árboles después de una temporada de caza. Papel ardiendo. Al llegar solo serían cadáveres en descomposición, como fruta madura e infectada que se resiste a caer al suelo.<br />
Marchó y redacté. Reproduciendo. Sustituí &#8216;pasota&#8217; por &#8216;indiferente&#8217;; &#8216;rara&#8217; por &#8216;ella&#8217;; &#8216;necesitar&#8217; por &#8216;odiar&#8217;; &#8216;odiar&#8217; por &#8216;desear&#8217;.<br />
Decidí no volver a invitarle a subir. Escribí mi nombre en la ventana, en orden inverso. Y esperé a que el papel ardiera.</p>
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		<title>Una última mudanza</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 13:51:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tras el incidente durante aquella mudanza, decidí acudir a un abogado.
Al llegar a aquel despacho y conocer a mi defensor en el contencioso : ya era demasiado tarde para marcharme. Acepté asistir a ese espectáculo.
“Confíe en mi; a partir de ahora todo estará bajo control” &#8211; repetía aquel payaso detrás del cual se ocultaba El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras el incidente durante aquella mudanza, decidí acudir a un abogado.<br />
Al llegar a aquel despacho y conocer a mi defensor en el contencioso : ya era demasiado tarde para marcharme. Acepté asistir a ese espectáculo.<br />
“Confíe en mi; a partir de ahora todo estará bajo control” &#8211; repetía aquel payaso detrás del cual se ocultaba El Supuesto Letrado.<br />
“Empecemos a obrar, pero antes debe relajarse; no querrá que este payaso&#8230;” &#8211; le interrumpí &#8211; &#8220;Estoy relajado, aunque menos sobrio que al entrar&#8221;. Ello respondía a su código: tequila, limón y sal. Según sus palabras, necesitaba exponer mi caso sin tapujos, en confianza. Me mostré rehacio a tomar alcohol, pero la situación no me dejaba otra salida.<br />
Después de numerosas visitas, el caso ya había sido cerrado y yo declarado culpable. Debía pagar la multa por conducir ebrio y dañar parte de los muebles.<br />
Aun así, seguí acudiendo cada semana a visitar a El Payaso.</p>
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		<title>Memoria y comida rápida</title>
		<link>http://www.juanharo.es/wordpress/short-stories/memoria-y-comida-rapida/</link>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2009 00:36:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde la cola de aquel restaurante de comida rápida. Desde allí, plantados observando todo cuanto pasaba. Las ojeras ocultas bajo la sombra de una gorra que recogía un cabello rubio; una chapa en el pecho con su nombre. El sudor que brillaba en su frente y bajo sus ojos. Y los dos gorilas impacientes por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Desde la cola de aquel restaurante de comida rápida. Desde allí, plantados observando todo cuanto pasaba. Las ojeras ocultas bajo la sombra de una gorra que recogía un cabello rubio; una chapa en el pecho con su nombre. El sudor que brillaba en su frente y bajo sus ojos. Y los dos gorilas impacientes por su ración de grasas saturadas.<br />
El ambiente sofocante por el calor de los hornos, freidoras y fuegos era suficiente.</p>
<p>Alguien saltó al otro lado de la barra. Difícil de olvidar. Violencia bien empleada, desmesurada; en su carta de despido : <em>falta muy grave</em> seguida de <em>agresión a clientes</em> o cualquier frase similar.</p>
<p>Y cenaron con espectáculo. Salieron de allí camino a ningún lugar concreto. Camino a casa, pero con interrupciones; como siempre.<br />
Y vieron buitres revolotear algunos cadáveres putrefactos. Y cadáveres putrefactos bombear su ego. Vieron lo mismo de siempre. Hablaron de peces que se muerden la cola. Tempura, peces exóticos como el <em>fugu</em>. Viajes y planes para el día siguiente.</p>
<p>Sin olvidar la memoria.</p>
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		<title>¿Y ahora qué?</title>
		<link>http://www.juanharo.es/wordpress/short-stories/%c2%bfy-ahora-que/</link>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 00:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antes de convertirse en adultos, cuidaron un perro doméstico, hamsters o ratas, un par de gatos siameses y hasta un hurón que desapareció una mañana cualquiera con uno de los hamsters en la boca. Aquella rata volvió a su jaula, pero del hurón no se supo nada más.
En su habitación comentaban el día después de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Antes de convertirse en adultos, cuidaron un perro doméstico, hamsters o ratas, un par de gatos siameses y hasta un hurón que desapareció una mañana cualquiera con uno de los hamsters en la boca. Aquella rata volvió a su jaula, pero del hurón no se supo nada más.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">En su habitación comentaban el día después de la televisión; entre el toque de queda y el zumbido de la mosca del sueño.<br />
Coches a control remoto y muñecas; videojuegos y maquillaje desparramado por la cara; charlas por teléfono y partidos de fútbol. Nada de éso. Y sus padres sospechaban. Y la comida se enfriaba.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">En las fotografías, en los vídeos caseros y murales a base de recortes. Allí colgaron sus roles.<br />
Antes de la pelusa en la cara y de la vergüenza con la primera menstruación.<br />
Uno de ellos preguntaba y esperaba la respuesta. La respuesta llegaba en la siguiente pregunta.<br />
Antes de todo ésto: ya conocían la <em>separación</em>.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Una vez viajaron juntos en coche. Se preguntaban donde les dejaría tirados aquella vieja cafetera, no hasta dónde les llevaría. Ambos cruzaban los dedos. <em>Lejos</em>.<br />
Dos billetes de ida y vuelta se quedaron en alguna papelera, saliendo de la estación.<br />
El viaje era como una de esas charlas de medianoche. Pero sin toque de queda.<br />
Antes del destino y como el momento en que la chispa de un mechero roza el gas: la llama. Entre lágrimas ella pronunció <em>universidad</em>. Con la piedra pedernal en la garganta, él siguió conduciendo.<br />
Durante el viaje, paisajes y pueblos quedaban atrás. Más tarde volverían a cruzarse con ellos para ignorar todo aquello.</p>
<p>El porqué era silencio, humo denso que asfixiaba e irritaba los ojos. No había destino al cual llegar, así que abrieron las ventanillas. Ahora el destino era prolongar ese momento.<br />
Se detuvieron un par de veces. Era mediodía y sus estómagos rugían. Encontraron uno de esos restaurantes de paso, alejados de cualquier núcleo urbano. Lejos de casa; descruzaron los dedos.<br />
En cada parada pensaban en lugares aun más lejanos, tan lejanos que ni la casualidad podría alcanzar. Mientras masticaban un filete y éste se convertía en una bola intragable; cada uno imaginaba aquel lugar.</p>
<p>Otra parada. Ésta, la última, fue al atardecer. Un pequeño pueblo donde la gente seguía con la mirada cada movimiento suyo. Un diminuto pueblo envejecido. Se preguntaban si allí cabía lugar para el azar, semejante a cuando encuentras un conocido en tus vacaciones por mitad de una isla perdida en un inmenso océano. Pero ya anochecía y el pueblo se recogía en sus hogares.<br />
De vuelta. Las miradas continuaban clavadas en la chapa del coche. Se esfumaron con la humedad de la noche.</p>
<p>El humo desaparecía, pero volvía cuando la corriente cesaba y alguna palabra se quedaba flotando dentro. Motas de polvo y aroma a ambientador de pino. Entonces la rosca arañaría la piedra. De nuevo la llama. De nuevo, hasta arder completamente. Hasta perder todo el gas y caer dormida en el asiento.<br />
Soñando. Aparecía un colaborador de un programa de baja audiencia. Vestía formal y usaba infinidad de palabras de la <em>A</em> a la <em>Z</em>, con gran facilidad. Era su hermano. Aunque envejecido y de aspecto huraño. Más tarde despertó. Habían llegado.</p>
<p>Aquel día quedaría guardado en algún diario. En algún recuerdo para el devenir.<br />
En el manifiesto, en su primer punto; en los antecedentes de un proyecto futuro que ambos conocían, pero del cual no habían hablado; ni lo harían – al menos todavía &#8211; : no era necesario.</p>
<p>Al llegar a casa la conversación giraba entorno a la <em>distancia</em>. <em>Tabú</em>. Sus padres tomaban caldo de pollo; una mezcla de orgullo y tristeza les delataba en cada sonoro sorbo. La sopa se enfriaba.<br />
Él hablaba de <em>espacio</em>, pero ella añadió <em>tiempo</em>. Después las visitas se espaciaron.</p>
<p>Seguirían buscándose. En hijos de otros padres. Hermanos de otros hermanos. Y así hasta reencontrarse en días libres. Días de libre disposición. Días de vacaciones. Jubilación anticipada.</p>
<p>Después, al dejar de ser adultos y cuidar de sus nietos.</p>
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		<title>Tictac</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 20:22:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando la hora dío paso a la hora y media, la posición en que se encontraba ya no resultaba tan cómoda. Se levantó para ver pasar el tiempo.
Tan lejano como la hora del examen era la espera para conocer la valoración.
Horas y días eran tiempo futuro al fin y al cabo. Pasando un tercio de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando la hora dío paso a la hora y media, la posición en que se encontraba ya no resultaba tan cómoda. Se levantó para ver pasar el tiempo.<br />
Tan lejano como la hora del examen era la espera para conocer la valoración.<br />
Horas y días eran tiempo futuro al fin y al cabo. Pasando un tercio de la vida durmiendo y los otros dos restantes recordando el sueño: el <em>tictac</em> suena como un <em>tic</em> continuo.<br />
Había pasado dos décadas sin conocer el <em>tac</em>. Se le hacía extraño reconocer que ahora dependía de él, aunque más extraño era el porqué.<br />
Vuelve. Un pie tras otro y al cabo de unos pasos parece estar pisando barro. Busca algo donde apoyarse y quitarse aquella capa pesada de los zapatos. Mamá le daría una colleja antes de pasar la tarde limpiando el fango.<br />
Allí sigue. Moldeado en barro. Y el <em>tic</em>. Y piensa en sueños.<br />
Camina con un globo rojo delante de su cara mientras sale del barrizal. Si le hubieran preguntado habría respondido con voz de helio.<br />
Rojo rubor y marrón barro/excremento buscan los servicios.<br />
Da gracias a alguien por ser primera hora. Huele a lejía, amoniaco y sudor. Más tarde orín de cerveza y problemas estomacales.<br />
Ninguna de las puertas del servicio está cerrada; elige la última, la más alejada de la entrada.<br />
Sentado, el <em>tic</em> continuo en crescendo.<br />
Despierta respirando metano y jugos de vejiga. Sabe que ha vuelto a evitar el <em>tac</em>.</p>
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		<title>Degradándonse en conserva</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2009 23:54:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[decadente]]></category>
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		<description><![CDATA[Tonos apagados. Lo más absurdo de todo ésto es depender de algo, no de alguien, ya no dependemos de nadie.
Y la espera se presenta larga, se repite. En aquellas palabras sintió la emoción de la subida, pero aquellas palabras  están atrapadas entre redes. 
Si se desprende del generador de tonos, pierde la seguridad. Ansiedad. Al otro lado alguien [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tonos apagados. Lo más absurdo de todo ésto es depender de algo, no de alguien, ya no dependemos de nadie.<br />
Y la espera se presenta larga, se repite. En aquellas palabras sintió la emoción de la subida, pero aquellas palabras  están atrapadas entre redes. <br />
Si se desprende del generador de tonos, pierde la seguridad. Ansiedad. Al otro lado alguien le espera tal y como él.<br />
Lanzar una moneda: azar. La casualidad tiene una llamada en espera.<br />
Era la oportunidad de conocer dónde le llevaban los pasos. El nuevo camino que había iniciado. El tropiezo.<br />
La piedra en el camino se insinuaba y atrapaba su mirada. Tal era su hechizo que hasta pasado un largo tiempo no consiguió darse cuenta.<br />
Ahora recuerda un silencio, un gesto medido, algo sospechoso; lo rescata.<br />
Ha pasado la cuarentena, pasa a analizar.<br />
No encuentra nada más.<br />
Barro en el camino.<br />
Un mensaje.<br />
No. Nada.<br />
Nada.</p>
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		<title>Oferta</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2009 01:25:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[memories]]></category>
		<category><![CDATA[deseo]]></category>
		<category><![CDATA[encuentros]]></category>
		<category><![CDATA[pasado]]></category>
		<category><![CDATA[relato corto]]></category>

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		<description><![CDATA[Aun así, no es posible.
         &#8211; No hay lazo mas que aquél que se envuelve en tu cuello, sesga el habla, la respiración y sólo eres algo atado.  
         &#8211; Te doy mi mano, bésala y acéptame.
Sinceramente, más no puede ofrecerte.
Pensaba en el imperativo dejado caer con cierta inocencia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aun así, no es posible.</p>
<p>         &#8211; No hay lazo mas que aquél que se envuelve en tu cuello, sesga el habla, la respiración y sólo eres algo atado.  <br />
         &#8211; Te doy mi mano, bésala y acéptame.</p>
<p>Sinceramente, más no puede ofrecerte.</p>
<p>Pensaba en el imperativo dejado caer con cierta inocencia. Rechaza la oferta.<br />
 <br />
Dándole vuelta a su café y aproximando los labios. Alzando la taza. Pequeños sorbos.</p>
<p>Recuerda esa escena. Sabe como continua y no es agradable.</p>
<p>El café está amargo y frío. Y está en su boca. Lo paladea.</p>
<p>Sorprendentemente, parece que hay algo más que pueda ofrecerte. </p>
<p>Elegancia y estilo. Empapado, corto y descafeinado.</p>
<p>Se salta el guión. Tosco y mecánico; empapada, largo y solo.</p>
<p>Ahora sonríen. Sus dientes brillan en el fondo de cualquier pozo. Arriba la gente se arremolina alrededor, miran hacia abajo y se preguntan por qué está seco.</p>
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		<title>Discípulos de la escuela cirenaica</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 21:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[memories]]></category>
		<category><![CDATA[decadente]]></category>
		<category><![CDATA[ego]]></category>
		<category><![CDATA[placer]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Conoces los 5 segundos dónde te olvidas de todo? Simple química. 
Es como si hubieras estado más cerca que nunca de un estado completamente placentero. Es necesario que desaparezca, que huya rápido; mas dejará huella. Honda huella, tan profunda que le acabará matando, mientras sigue sus pistas. Es consciente de ello y no le importa lo más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Conoces los 5 segundos dónde te olvidas de todo? Simple química. </p>
<p>Es como si hubieras estado más cerca que nunca de un estado completamente placentero. Es necesario que desaparezca, que huya rápido; mas dejará huella. Honda huella, tan profunda que le acabará matando, mientras sigue sus pistas. Es consciente de ello y no le importa lo más mínimo, se ha agarrado fuerte y acabará soltándose cuando las fuerzas le fallen y se ahogue dulcemente en si mismo.</p>
<p>Nunca ha estado tan unido a nada ni a nadie, ahora comprende la necesidad del apego y el añorado sufrimiento. El drama de descubrir los límites y ser consciente de ellos.</p>
<p>Decidió abandonar la miserable responsabilidad, se despidió de todo aquello que le ataba a sus 5 segundos de caida libre. </p>
<p>¡Oh dios mío, hemos creado otro monstruo!</p>
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