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	<title>Juan Haro Rodríguez &#187; fin</title>
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		<title>Una última mudanza</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 13:51:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tras el incidente durante aquella mudanza, decidí acudir a un abogado.
Al llegar a aquel despacho y conocer a mi defensor en el contencioso : ya era demasiado tarde para marcharme. Acepté asistir a ese espectáculo.
“Confíe en mi; a partir de ahora todo estará bajo control” &#8211; repetía aquel payaso detrás del cual se ocultaba El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras el incidente durante aquella mudanza, decidí acudir a un abogado.<br />
Al llegar a aquel despacho y conocer a mi defensor en el contencioso : ya era demasiado tarde para marcharme. Acepté asistir a ese espectáculo.<br />
“Confíe en mi; a partir de ahora todo estará bajo control” &#8211; repetía aquel payaso detrás del cual se ocultaba El Supuesto Letrado.<br />
“Empecemos a obrar, pero antes debe relajarse; no querrá que este payaso&#8230;” &#8211; le interrumpí &#8211; &#8220;Estoy relajado, aunque menos sobrio que al entrar&#8221;. Ello respondía a su código: tequila, limón y sal. Según sus palabras, necesitaba exponer mi caso sin tapujos, en confianza. Me mostré rehacio a tomar alcohol, pero la situación no me dejaba otra salida.<br />
Después de numerosas visitas, el caso ya había sido cerrado y yo declarado culpable. Debía pagar la multa por conducir ebrio y dañar parte de los muebles.<br />
Aun así, seguí acudiendo cada semana a visitar a El Payaso.</p>
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		<title>¿Y ahora qué?</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 00:28:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Antes de convertirse en adultos, cuidaron un perro doméstico, hamsters o ratas, un par de gatos siameses y hasta un hurón que desapareció una mañana cualquiera con uno de los hamsters en la boca. Aquella rata volvió a su jaula, pero del hurón no se supo nada más.
En su habitación comentaban el día después de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Antes de convertirse en adultos, cuidaron un perro doméstico, hamsters o ratas, un par de gatos siameses y hasta un hurón que desapareció una mañana cualquiera con uno de los hamsters en la boca. Aquella rata volvió a su jaula, pero del hurón no se supo nada más.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">En su habitación comentaban el día después de la televisión; entre el toque de queda y el zumbido de la mosca del sueño.<br />
Coches a control remoto y muñecas; videojuegos y maquillaje desparramado por la cara; charlas por teléfono y partidos de fútbol. Nada de éso. Y sus padres sospechaban. Y la comida se enfriaba.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">En las fotografías, en los vídeos caseros y murales a base de recortes. Allí colgaron sus roles.<br />
Antes de la pelusa en la cara y de la vergüenza con la primera menstruación.<br />
Uno de ellos preguntaba y esperaba la respuesta. La respuesta llegaba en la siguiente pregunta.<br />
Antes de todo ésto: ya conocían la <em>separación</em>.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Una vez viajaron juntos en coche. Se preguntaban donde les dejaría tirados aquella vieja cafetera, no hasta dónde les llevaría. Ambos cruzaban los dedos. <em>Lejos</em>.<br />
Dos billetes de ida y vuelta se quedaron en alguna papelera, saliendo de la estación.<br />
El viaje era como una de esas charlas de medianoche. Pero sin toque de queda.<br />
Antes del destino y como el momento en que la chispa de un mechero roza el gas: la llama. Entre lágrimas ella pronunció <em>universidad</em>. Con la piedra pedernal en la garganta, él siguió conduciendo.<br />
Durante el viaje, paisajes y pueblos quedaban atrás. Más tarde volverían a cruzarse con ellos para ignorar todo aquello.</p>
<p>El porqué era silencio, humo denso que asfixiaba e irritaba los ojos. No había destino al cual llegar, así que abrieron las ventanillas. Ahora el destino era prolongar ese momento.<br />
Se detuvieron un par de veces. Era mediodía y sus estómagos rugían. Encontraron uno de esos restaurantes de paso, alejados de cualquier núcleo urbano. Lejos de casa; descruzaron los dedos.<br />
En cada parada pensaban en lugares aun más lejanos, tan lejanos que ni la casualidad podría alcanzar. Mientras masticaban un filete y éste se convertía en una bola intragable; cada uno imaginaba aquel lugar.</p>
<p>Otra parada. Ésta, la última, fue al atardecer. Un pequeño pueblo donde la gente seguía con la mirada cada movimiento suyo. Un diminuto pueblo envejecido. Se preguntaban si allí cabía lugar para el azar, semejante a cuando encuentras un conocido en tus vacaciones por mitad de una isla perdida en un inmenso océano. Pero ya anochecía y el pueblo se recogía en sus hogares.<br />
De vuelta. Las miradas continuaban clavadas en la chapa del coche. Se esfumaron con la humedad de la noche.</p>
<p>El humo desaparecía, pero volvía cuando la corriente cesaba y alguna palabra se quedaba flotando dentro. Motas de polvo y aroma a ambientador de pino. Entonces la rosca arañaría la piedra. De nuevo la llama. De nuevo, hasta arder completamente. Hasta perder todo el gas y caer dormida en el asiento.<br />
Soñando. Aparecía un colaborador de un programa de baja audiencia. Vestía formal y usaba infinidad de palabras de la <em>A</em> a la <em>Z</em>, con gran facilidad. Era su hermano. Aunque envejecido y de aspecto huraño. Más tarde despertó. Habían llegado.</p>
<p>Aquel día quedaría guardado en algún diario. En algún recuerdo para el devenir.<br />
En el manifiesto, en su primer punto; en los antecedentes de un proyecto futuro que ambos conocían, pero del cual no habían hablado; ni lo harían – al menos todavía &#8211; : no era necesario.</p>
<p>Al llegar a casa la conversación giraba entorno a la <em>distancia</em>. <em>Tabú</em>. Sus padres tomaban caldo de pollo; una mezcla de orgullo y tristeza les delataba en cada sonoro sorbo. La sopa se enfriaba.<br />
Él hablaba de <em>espacio</em>, pero ella añadió <em>tiempo</em>. Después las visitas se espaciaron.</p>
<p>Seguirían buscándose. En hijos de otros padres. Hermanos de otros hermanos. Y así hasta reencontrarse en días libres. Días de libre disposición. Días de vacaciones. Jubilación anticipada.</p>
<p>Después, al dejar de ser adultos y cuidar de sus nietos.</p>
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		<title>Y lo aceptaremos</title>
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		<pubDate>Tue, 12 May 2009 22:26:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[memories]]></category>
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		<category><![CDATA[fracaso]]></category>
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		<description><![CDATA[Y mientras finge cumplir su palabra, se rasca la oreja, arquea las cejas y después pasa una mano por el flequillo que tapa parte de su frente. Se da cuenta que está metido en un buen lío, pero ya es demasiado tarde. Tan tarde que no hay marcha atrás. &#8216;Adelante&#8216; se repite una y otra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y mientras finge cumplir su palabra, se rasca la oreja, arquea las cejas y después pasa una mano por el flequillo que tapa parte de su frente. Se da cuenta que está metido en un buen lío, pero ya es demasiado tarde. Tan tarde que no hay marcha atrás. &#8216;<em>Adelante</em>&#8216; se repite una y otra vez, y se adentra unos metros. Sabe que le temblaran las manos al saludar, que el sudor en la palma delatará su tensión, como lo hará el que resbala por un costado de su cara.</p>
<p>Probablemente decidirá besar a modo de saludo, no existe ningún protocolo, el fin es su objetivo.<br />
En segundos rechaza la opción del beso y opta por un saludo. Un saludo corto : &#8216;<em>Hola</em>&#8216;, donde no pueda descubrir algún titubeo en su voz. </p>
<p>Y continua acercándose, con cada paso parece moverse más torpemente. Se aleja, está cerca, tan cerca que siente como sus deseos de huir corriendo aumentan. Tan cerca que puede percatar como su presencia no pasa inadvertida. Vuelve a ser demasiado tarde, está clavado en el punto de no retorno, entre dos corrientes.<br />
Dos pasos más e intentará soltar un tímido saludo. Extraño entre extraños: pasión o fracaso.<br />
 <br />
Presa vestida de cazadora conoce como actuar, conoce como herir sin hacer nada.<br />
Y ocurrirá, indiferente y distante. Tan fría y tan nervioso. Sangre helada, sudor sofocante. Patéticas víctimas.</p>
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		<title>Plata fundida</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2009 09:52:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[memories]]></category>
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		<description><![CDATA[Abonada por el despecho había nacido una joven en el fondo de sus sábanas. Adolescente, sus rasgos le traían a la memoria pasajes ya casi olvidados, fragmentos de un REM profundo.
Retazos cortados a mano y unidos con fluidos, así era como se presentaba aquel regalo de medianoche. Ella lloraba como un recién nacido al que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Abonada por el despecho había nacido una joven en el fondo de sus sábanas. Adolescente, sus rasgos le traían a la memoria pasajes ya casi olvidados, fragmentos de un REM profundo.</p>
<p>Retazos cortados a mano y unidos con fluidos, así era como se presentaba aquel regalo de medianoche. Ella lloraba como un recién nacido al que le habían dado una palmadita en el culo.<br />
En su mano, un teléfono no paraba de sonar, parecía como si el tono de llamada se solapase uno encima de otro. Alargó su brazo y dejó el teléfono en la almohada donde el descansaba su cabeza.<br />
El ruido le despertó aparatosamente. Más que una llamada era la alarma que marcaba una hora alejada de la media noche.</p>
<p>En algún lugar cercano, en la calle, le esperaba alguien.<br />
Recuperado del violento despertar, se vistió y salió a las húmedas y silenciosas calles.</p>
<p>El vaho que salía de su boca tomaba forma de palabras para después perderse en la espesa negrura. Parecían estar sacadas de alguna canción que se había manifestado inesperadamente en su memoria.<br />
En el destino, un pequeño montón de papeles. Una historia inacabada algunos años atrás y en las últimas páginas, algo escrito recientemente. &#8220;Termina con ésto. Por favor&#8221;.<br />
Comenzó a reír a carcajadas, escribió un ininteligible garabato y retornó hacía casa a paso lento, saboreando aquel paseo.</p>
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