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	<title>Juan Haro Rodríguez &#187; pasado</title>
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	<description>experimental processed guitar tracks, ambiental songs, short stories, photography, relatos cortos, fotografía</description>
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		<title>Christine 44</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 00:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[luna en tormenta]]></category>
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		<description><![CDATA[Esa noche cambio mi apellido y el acero roza la piel debajo de mi oreja. Y mi pelo es una sábana larga y negra azabache que cubre la boca y la censura como estrellas estampadas en pezones.
Esa noche salgo con ojos verdes botella vidriosos a escena.
El espectador pasivo delante de los ojos del espectador pasivo.
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;">Esa noche cambio mi apellido y el acero roza la piel debajo de mi oreja. Y mi pelo es una sábana larga y negra azabache que cubre la boca y la censura como estrellas estampadas en pezones.</p>
<p>Esa noche salgo con ojos verdes botella vidriosos a escena.<br />
El espectador pasivo delante de los ojos del espectador pasivo.<br />
El espectador activo titubeante que mira al falso espectador activo.<br />
Debajo del velo están los ojos de cristal y el bastón lanza golpes al aire intentando cortar el viento y hacer estallar en aplausos al público; el bastón ahora es el túnel del destino cargado que arde en mis manos. La llama de la rendición, segundos de humo y dulce cara de recién nacido dormido.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Enfrente: indignación y miedo. Sus piernas tiemblan mientras maldicen.<br />
A ambos lados: porno sin censura.<br />
Detrás: el Centro De Atención oculto y risueño entre mantas, entre sueños relajados.</p>
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		<title>Buzones: correspondencia y correspondido</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 02:11:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Respirar hondo se había convertido en remedio; silencio en amenaza; amenaza en indiferencia.
Sentía temblar el labio superior y el párpado izquierdo. La presión en el pecho: patológica.
Bandejas de plástico con alimentos fríos. Frío, precongelado, olor artificial, sabor plastificado.
Las bandejas salían cada mañana de la cocina y eran repartidas por las habitaciones del hotel.
Esquivar el saludo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Respirar hondo se había convertido en remedio; silencio en amenaza; amenaza en indiferencia.</p>
<p>Sentía temblar el labio superior y el párpado izquierdo. La presión en el pecho: patológica.<br />
Bandejas de plástico con alimentos fríos. Frío, precongelado, olor artificial, sabor plastificado.<br />
Las bandejas salían cada mañana de la cocina y eran repartidas por las habitaciones del hotel.<br />
Esquivar el saludo y coger el desayuno. Repetir en voz baja: &#8216;la misma mierda de siempre&#8217; y después comértela derretida en leche.<br />
Me acercaba a la ventana y la décima planta gritaba ¡VÉRTIGO! Acercándome era absorbido: el ritmo de hormigas cavando túneles, arañas trepando bloques, moscas monitorizando el tráfico y grúas como directores con batuta.<br />
Observando, nada más.<br />
La alarma del reloj sonaba siempre a la misma hora y era Algo Más, mas ahora solo gira y suena; nada más.<br />
El teléfono también era Algo Más. Cuando esperaba que el cartero llamase a la puerta y me entregase alguna carta sin mi nombre escrito en una pequeña ventana de un fino plástico transparente. Ahora el cartero no llama y usa el buzón. En algún lugar debe estar ardiendo papel.<br />
El humo alertaría a cualquiera que pasase por allí cerca y entonces adivinarían los tres dígitos que ocultan miles de tormentos. Deseo.</p>
<p>Apartar la mirada se había convertido en remedio; inhibición en amenaza; amenaza en pena.</p>
<p>Por el pasillo se podían escuchar conversaciones a ritmo de pasos acelerados. Grabando. Lejos: susurros; se acercan: crescendo; pasan por delante: silencio; se alejan: silencio; más lejos: carcajadas.<br />
Ponía en marcha la grabadora y la cinta giraba.<br />
Me llevó bastantes días encontrar ese patrón y cuando lo descubrí, simplemente seguí grabando.<br />
Un día paré de grabar cuando me di cuenta que una de las cintas que aun no había usado, contenía una vieja grabación. Escuché la grabación varias veces mientras apuntaba todo aquello inteligible.<br />
Allí donde encontré mi nombre lo cambié por cualquier otro. Los imperativos pasaron a ser preguntas sin respuesta. Por último lo reescribí completamente, ignorando los minutos de patéticas despedidas.<br />
La mañana siguiente, el chico de la bandeja llegó borracho hasta mi puerta. Aproveché para comentarle que la comida era una mierda y que su cara me amargaba la mañana. Sonrió y marchó. Volvió al cabo de unos pocos minutos. Un golpe dirigido al estómago me espabiló después de lanzarme al suelo. Vomitó sobre mi. Al levantarme mi desayuno acabó desparramándose por el pasillo. Toda aquella masa pastosa y de olor agrío impregnaba nuestra ropa y la moqueta color burdeos.<br />
Le invité a pasar. Grabando. Habló hasta aburrirse y dormirse. Le eché. Comencé a escucharle en el momento que marchaba. Había grabado toda su conversación en aquella cinta ya usada. Reproduciendo. Hablaba sobre el bloque más alto que se veía desde mi ventana. Estuvo trabajando allí durante unas temporadas.<br />
Redacté todo aquello. Una vez redactado, lo reescribí mientras pensaba en la siguiente comida y en el vacío de estomago.</p>
<p>Sincerarse se había convertido en remedio. Sincerarse se había convertido en amenaza. Y la amenaza en ruido, polvo y vaho.</p>
<p>La bandeja volvía la mañana siguiente. Puntual. Hambriento. Intenté estrechar su mano. El brillo sudoroso en la palma de mi mano reflejaba mi rostro, el color liláceo de mis ojeras, el blanco pálido, el blanco gélido. Volví a encerrar la mano en el bolsillo. En ese momento recordé vívidamente: fotografías de carné con el rostro relajado y una sonrisa clavada. Ausentes. Seguramente yo ya debía estar entre ellas.<br />
La lluvia acompañó la llegada de la noche. Desperté y corrí a asomarme a la ventana. Con vaho y mi dedo índice tracé &#8216;jodeos&#8217; en el cristal. Llamé a recepción.<br />
Cuando el chico subió, le invité a pasar – la resaca- conmigo.<br />
&#8216;Hablame de nuevo sobre aquel edificio&#8217;. Grabando.<br />
Mientras hablaba pensaba en tipos realmente jodidos al descubrir que la pintura de su coche había sido rayada. Y perros colgados en árboles después de una temporada de caza. Papel ardiendo. Al llegar solo serían cadáveres en descomposición, como fruta madura e infectada que se resiste a caer al suelo.<br />
Marchó y redacté. Reproduciendo. Sustituí &#8216;pasota&#8217; por &#8216;indiferente&#8217;; &#8216;rara&#8217; por &#8216;ella&#8217;; &#8216;necesitar&#8217; por &#8216;odiar&#8217;; &#8216;odiar&#8217; por &#8216;desear&#8217;.<br />
Decidí no volver a invitarle a subir. Escribí mi nombre en la ventana, en orden inverso. Y esperé a que el papel ardiera.</p>
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		<title>Oferta</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2009 01:25:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aun así, no es posible.
         &#8211; No hay lazo mas que aquél que se envuelve en tu cuello, sesga el habla, la respiración y sólo eres algo atado.  
         &#8211; Te doy mi mano, bésala y acéptame.
Sinceramente, más no puede ofrecerte.
Pensaba en el imperativo dejado caer con cierta inocencia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aun así, no es posible.</p>
<p>         &#8211; No hay lazo mas que aquél que se envuelve en tu cuello, sesga el habla, la respiración y sólo eres algo atado.  <br />
         &#8211; Te doy mi mano, bésala y acéptame.</p>
<p>Sinceramente, más no puede ofrecerte.</p>
<p>Pensaba en el imperativo dejado caer con cierta inocencia. Rechaza la oferta.<br />
 <br />
Dándole vuelta a su café y aproximando los labios. Alzando la taza. Pequeños sorbos.</p>
<p>Recuerda esa escena. Sabe como continua y no es agradable.</p>
<p>El café está amargo y frío. Y está en su boca. Lo paladea.</p>
<p>Sorprendentemente, parece que hay algo más que pueda ofrecerte. </p>
<p>Elegancia y estilo. Empapado, corto y descafeinado.</p>
<p>Se salta el guión. Tosco y mecánico; empapada, largo y solo.</p>
<p>Ahora sonríen. Sus dientes brillan en el fondo de cualquier pozo. Arriba la gente se arremolina alrededor, miran hacia abajo y se preguntan por qué está seco.</p>
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		<title>Tropiezos, destellos</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2009 13:30:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Unidos por la casualidad, parejas. Caminan juntos hasta que el sol les despierta, entonces se miran y se buscan desesperadamente en el espejo.
Todo lo que ven es todo lo que son, pero nada puede asegurar que son lo que serán.
Los tropiezos con tacones altos, elegantes, pero incomodos, romperán la armonía de una cálida noche de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Unidos por la casualidad, parejas. Caminan juntos hasta que el sol les despierta, entonces se miran y se buscan desesperadamente en el espejo.<br />
Todo lo que ven es todo lo que son, pero nada puede asegurar que son lo que serán.<br />
Los tropiezos con tacones altos, elegantes, pero incomodos, romperán la armonía de una cálida noche de verano, otoño, primavera.<br />
No despiertan si el tropiezo es tan grave que las lágrimas anegan el lavabo en el que se encuentra el espejo de la verdad.</p>
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		<title>Fechas convulsas, las vicisitudes del caos</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2009 02:23:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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Se sentía ridículo, ese sentimiento nació tiempo atrás, se alimentó de su debilidad y contaminó su rumbo.
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_137" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://www.juanharo.es/wordpress/wp-content/uploads/2009/04/cera1.png"  rel="lightbox[95]"><img class="size-medium wp-image-137" title="espejo, cera, tinte" src="http://www.juanharo.es/wordpress/wp-content/uploads/2009/04/cera1-300x300.png" alt="cera1 300x300 Fechas convulsas, las vicisitudes del caos" width="300" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Ilustración por Daniel Haro Rodríguez</p></div>
<p>En ese momento, mirando su rostro detenidamente, sincerándose con su pudor. Esperó el momento, esperó que ocurriera algo, un cúmulo de coincidencias fruto de las conspiraciones del destino le aguardarían fuera de aquel cuarto.<br />
Se sentía ridículo, ese sentimiento nació tiempo atrás, se alimentó de su debilidad y contaminó su rumbo.<br />
Debía romper aquella imagen, matar el reflejo, provocar el caos, mejor dicho, devolver el caos y matar al orden. Pero no lo hizo, continuaba sentado contemplando la manivela de la puerta, al mismo tiempo que pensaba en luces de baño fundidas y espectros en el piso de arriba.<br />
El tiempo eran gotas que caían lentamente del grifo y salpicaban el mármol.<br />
Luz artificial, tintes de pelo y colillas de cigarro en la bañera.<br />
Concentró su vista más allá de su imagen contrapuesta. Seguía pensando en bombillas fundidas.<br />
Detrás del espejo las llamas derretían la cera y recorrían lentamente un cuerpo desnudo. Lagrimas de ardiente cera blanca contrastaban con una piel bronceada al sol.<br />
Artificial, naturaleza cruel limaba su cuerpo para después arrastrarlo hasta la orilla e inundarlo en el agua salada.<br />
Al otro lado del cristal, el tiempo tal y como él lo conocía, seguía su curso.<br />
Mientras salía del cuarto, pensó en tintes de pelo y playas nudistas, remotas playas.<br />
Escribió una nota, la guardó en su bolsillo del pantalón y salió raudo hacia fuera del apartamento.<br />
La nota ahora estaba en un buzón, junto con facturas, publicidad y una revista de moda femenina. &#8220;Rubias en verano&#8221; destacaba sobre el resto de títulos impresos en la portada.<br />
En la nota se apreciaba algo similar a una fecha, no muy lejana en el tiempo, pasado.<br />
En aquellos números había algo violento, desagradable, pero a su vez terriblemente sincero.<br />
Una fecha, una canción, olores emanaban de la nota. Esos números querían convulsionar el presente de alguien y abrazar un fugaz instante perdido entre fechas y velas blancas derretidas durante una noche de verano.<br />
Al hundir la llave en la cerradura del buzón y hacerla girar suavemente el orden aun permanecía intacto. Minutos más tarde, la persona que abrió el buzón comenzó a imaginar tintes de pelo y cigarrillos embozando una sucia bañera.<br />
Él volvió a su casa, mató al orden y los ansiolíticos e hipnóticos le arroparon en su cama. En su dulce sueño aparecían vírgenes suicidas y todo estaba impregnado de una deliciosa inocencia.<br />
La persona que abrió el buzón era actriz protagonista en sueños inducidos. La actriz onírica actuaba aquella noche. Escribió una nota en un papel rasgado de una libreta de apuntes. Salió del apartamento. Ella conocía el origen de aquel mensaje, pero desconocía aquella fecha.<br />
Él despertó de su plácido sueño. Al despertar recordaba nítidamente todo aquello que había sucedido en la función nocturna. Inmediatamente comenzó a redactar cada uno de los acontecimientos. Cuando acabó de redactar, arranco las notas y se las guardó.<br />
Salió de casa y descubrió algo en su buzón. En un papel rasgado, alguien había escrito una fecha, la fecha del día de ayer. Él continuo su camino, busco el buzón en el que el día anterior había dejado una nota. Una vez lo localizó, extrajo las notas que llevaba en el bolsillo y las deposito en el buzón consecutivo.<br />
La actriz onírica preparaba algo de comer, era ya el mediodía. En su cama alguien estaba gritando su nombre. Se notaba nerviosismo y desesperación en aquellos gritos, pero un muro, un solido muro de cemento obstaculizaba la comunicación. La actriz principal era un muro inalterable. Los gritos, ahora, un martillo que golpeaba cada vez más fuerte.<br />
Llamaron a la puerta del piso. Alguien había depositado en el buzón de su vecina unos documentos que no le correspondían. Era un guión.<br />
La actriz dejó la comida, se encerró en el baño, los gritos no cesaban. Allí, dentro del baño comenzó a contemplar detenidamente su rostro, como si algo estuviera haciéndola envejecer o enfermar. Pensó en guiones y actrices secundarias que aparecían con el papel de vecina que le habían preasignado.<br />
Se concentró, dejó su mente en blanco, cerró los ojos y pasó al otro lado del espejo.<br />
Allí era de noche, en la húmeda arena alguien había escrito una fecha. Unos metros más allá, un cuerpo desnudo y quemado por el sol. Arrastró el cuerpo hacia el mar y éste lo engulló.<br />
Volvió al otro lado del cristal, las últimas lineas del guión habian desaparecido.</p>
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		<title>Espinas de atún, deseo</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2009 23:35:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Haro Rodríguez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los dos ceros separados por puntos le producían la sensación de estar viendo dos senos de mujer joven, sin hijos, senos naturales.
La operación había resultado un éxito, cuando los rezos pasaron a ser aplausos y las amenazas, hechos.
Destrozaron su amor en mantos de espigas y golpes en su rostro bronceado al sol. La segunda década [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los dos ceros separados por puntos le producían la sensación de estar viendo dos senos de mujer joven, sin hijos, senos naturales.<br />
La operación había resultado un éxito, cuando los rezos pasaron a ser aplausos y las amenazas, hechos.<br />
Destrozaron su amor en mantos de espigas y golpes en su rostro bronceado al sol. La segunda década de su historia era ambición y deseo, deseo era placer enmascarado en responsabilidades.<br />
Bajo matorrales se abrio el camino al paradero de los duendes nativos.<br />
Refrescos azucarados bebidos con cañas de plástico producían sonidos entre lo agradable y vulgar, entre la abundancia y la escasez. Entonces el calor secó sus labios como el invierno los había agrietado.<br />
Donde los labios eran armas filosas y cálidas que succionaban la pasión y hacían estallar contradicciones húmedas. Saliva, semen, retazos de historia sobre flujos. Fuentes de vida y de pudor, los tabúes, la ansiedad del recién experimentado.<br />
Se preguntan si ésto es una anécdota, un rumor del que hablaran sus conocidos, amigos, familiares. Consumaran sus sentidos, sentirán el frío sosiego de la unión, la sentencia es el comienzo de un juego que acaba rápido.<br />
Ocio y vicio serian sinónimos en la ciudad de los sueños diurnos, narrados en citas nocturnas.<br />
Le contó que era cómplice de todo aquello, que odiaba y las mentiras serian espías en ojos inocentes.<br />
Si la casualidad podía ser una espina, el futuro era un enorme esqueleto de atún. Su sabor era agradable, pero las espinas clavadas del pasado sangraban y dolían más que nunca.</p>
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