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Egoentidad

Su nombre en el papel. La negrita resaltaba su identidad. No comprendía las razones que habían desembocado en aquella oleada de ataques. Ataques a la desesperada, suicidas con familias tristes y que se verían despojadas de un familiar querido.
Su identidad es un garabato debajo de su nombre, nada más; eso era todo lo que era capaz de procesar en ese instante. Si las palabras unidas de la casualidad dan forma al ser, el caos del embarazoso grito no era más que una reclamación al ego, una llamada para verificar que no se había quedado atrapado entre tinta y dilemas insustanciales. No, él estaba allí y le respondió.
En ocasiones como ésta, se preguntaba si debía derrocar aquello en lo que había confiado durante un largo periodo de tiempo. Sí, debía hacerlo, no había alternativa. Hundirse en un lodo que te atrapa y te asfixia mientras escuchas carcajadas del exterior, debe ser una situación tan absurda que prefería no vivirla.
Era momento de hacer tambalear la fragilidad e inconsistencia del engaño, de reaccionar de forma desmesurada con suma agresividad, estallar dentro de tu estómago y escupir flechas envenenadas por la boca. Sin duda era el momento, el show había comenzado y las mariposas ya habían mutado en moscas. Un nuevo despertar, el primer despertar de la libertad debe ser algo parecido a ésto; no quiere imaginarse en despertares resacosos.
El alba de la ambición es recibido con los brazos y la mente abierta, los seres alterados son recibidos con suma paciencia. Aun puede notar su efecto, todavía se regocija entre coronas de laureles y lágrimas de serpiente.
Creación, el delicioso resultado de la destrucción.
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