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  • Espasmos de la dulce inocencia

    scissors

    Somos la medida de los designios más profundos, donde el pudor y el orgullo han soldado barreras impenetrables. El objetivo de alcanzar y derribar esas fronteras, abrir los límites escondidos y desprenderse de las ataduras de lo impuesto por lo irracional y absurdo.

    Es un compromiso moral, amamos la voluntad de destruir, pero nos imaginamos caídos en batalla y solos. Completamente aislados y pudriéndonos, descomponiéndonos lentamente, mientras nuestras metas son cada vez más lejanas y los vientos del cambio moderado se las llevan hasta el purgatorio de los infelices.

    Quieren ser promesas del mañana, cumplidos exhalados dulcemente por la inocencia y no por la cruel experiencia que agrieta el cuerpo y lo encorva hasta acercarlo al suelo.

    Dentro del valor de reacción surge la necesidad de transgredir y satisfacer las necesidades del ego colectivo, curar la ceguera de los enfermos de su yo. Matar el colectivo de las necesidades superfluas para desembocar en la raíz, limar las asperezas incrustadas y heredadas por el tiempo. Más que todo eso, mucho más allá se encuentra la decisión de levantarse y emprender el viaje del cambio, nómadas de la contracultura, destructores de lo impuesto, nada que antes haya podido ser adjetivado proporcionará estereotipos al orgullo transgresor que ebulle dentro de cada ermitaño de la gran ciudad, de cada desgraciado, de cualquier fiera salvaje que es creadora y que alienta al resto para despertar después de el último ocaso.

    El punto de partida debe estar más cerca de lo imaginado, la nada ha muerto y la consciencia colectiva esta inconscientemente informada de ello. Un paso adelante supondrá caer en la espiral de mutaciones nunca antes imaginadas.
    El afecto guiará los pasos de los indecisos, el amor bombeará el valor a los cobardes.

    Óxido y arañas en nuestra piel es el reflejo del éxito, ahora rasguemos nuestros cuerpos hasta perder el sentido y librarnos de las mascaras de inhibición. La artificialidad se sonrojará, se verá obligada a desaparecer, expulsará las cadenas de la nada.
    Ahora rebusquemos en el baúl de los estados theta, allá donde somos libres y nuestro yo se emociona antes de despertar. Es hora de madrugar para cultivar el nuevo campo fértil, agrupemos nuestros miedos y que ardan en una larga noche de verano para convertirse en polvo del ayer.

    En el nombre de la esperanza, debemos acariciar los sueños, mimarlos y hacer de ellos vívida realidad. Más allá de ésto, lo demás es sucia mierda.

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Crítica destructiva