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Salpícame el día

Una sonrisa a medias es una mueca incómoda si la mantienes durante demasiado tiempo.
Del llanto a la carcajada de la vigilia al sueño.Cuando el día llega a su fin, las luces de la noche contaminan el cielo y cubren el asfalto húmedo de preciosos colores. La gente se recoge en sus hogares. Se respira el desahogo del ocaso.
Alguien salta sobre charcos y se impregna de los destellos, de los colores. Aquel que el ocaso de su hogar es el ahogo, la falta de aliento tras un grito reverberado.
El polvo se convierte en barro, se seca y se moldea a base de la agradable rutina de lo familiar.
Gotas de esperanza se dejan caer e inundan las sendas de lo conocido, en las cuales arrastran las imperfecciones que intentan trascender y que ambicionan ser parte de la cotidianidad.
Allí donde los caminos del presente desembocan y estos charcos se forman, el desterrado del día chapotea en sueños lucidos mientras en su cara brilla una sonrisa agradable.
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